No es lo que tu tienes, sino como usas lo que tienes lo quemarca la diferencia. Zig Zigla

Periódico ABC

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  1. Hoy es día de análisis exhaustivo de resultados en el Partido Popular. Pablo Casado ha convocado al Comité Ejecutivo Nacional, en el que es previsible que subrayará que el partido avanza en la buena dirección, tras ganar 22 escaños en poco más de seis meses. El ambiente en Génova es de satisfacción, y no se vislumbra por ningún lado algo de autocrítica, a pesar de que las expectativas electorales eran más altas que los 88 diputados obtenidos. Tampoco parece preocupar que el PP haya sumado 650.000 votos más, a pesar de que Ciudadanos ha perdido prácticamente 2,5 millones. Y no se ven luces de alarmas por la subida de Vox, que ha logrado un millón de votos más desde abril. Fuentes populares intentan explicar esa satisfacción tranquila que se respira en Génova, y que desde luego no tiene nada que ver con el ambiente de catástrofe que se vivió en el partido después del 28 de abril. De entrada, haber salido del hoyo de los 66 diputados es motivo ya de celebración en el PP. El «regalo» de la repetición electoral les ha permitido aparecer como referencia clara del centro-derecha, con su principal competidor en ese espacio, Ciudadanos, prácticamente fuera del tablero político. En el PP analizarán sobre todo por qué solo han conseguido sumar 650.000 votos, cuando Ciudadanos ha perdido 2,5 millones. Pero lo que tiene muy claro Casado, según fuentes de su equipo, es que la estrategia de «moderación y centralidad» que imprimió en el partido después del hundimiento de abril es la «acertada» y no tiene ninguna intención de modificarla. «Para ganar unas elecciones hay que conquistar el centro. Es ahí donde hay que dar la batalla, ahora y en el futuro», sostienen fuentes próximas al presidente nacional del PP. Durante la campaña, Casado fue endureciendo su tono en los mítines, sobre todo en la recta final, pero no entró en el debate ideológico con Vox, como sí hizo en las andaluzas de diciembre de 2018, o en las generales de abril. Ahora, el PP quiso convencer al electorado que se marchaba a Vox de que la única manera de vencer a Sánchez era unir el voto en torno a la «única alternativa» posible, la que encabeza Casado. Las urnas le han dado la razón, y por eso insistirán en ese mensaje de unidad. España Suma, subrayan, es una plataforma que sigue viva para poder vencer a la izquierda. El PP abrirá la puerta a Ciudadanos, y en concreto a los antiguos cargos de ese partido que quieran incorporarse al proyecto. Una «burbuja» En el PP sostienen que la subida de Vox es algo «puntual». Lo ven algo así como una «burbuja», una «moda» alimentada por la propia izquierda y Sánchez. Los populares creen que los disturbios en Cataluña y el espectáculo de la exhumación de los restos de Franco han alimentado al partido de Abascal. Pero también piensan que de la misma manera que ha crecido, bajará en el futuro. Confiesan, eso sí, que Vox les creará un problema en el Congreso si opta por situar a Casado como adversario. No cabe esperar una radicalización del PP para frenar el crecimiento de Vox. Casado no variará ahora su discurso, ni en la forma ni en su contenido. Pero los populares sí explotarán la idea de que el voto dividido del centro-derecha no va a ninguna parte, e insistirán en la unidad. La estrategia del PP pasa por ampliar su espacio en el centro. En Génova saben que hay una parte de su antiguo electorado que sigue muy distanciada del partido, y aún no se les ha pasado la indignación. Pero confían en que «van por el buen camino», y si en solo seis meses han logrado recuperar 650.000 votos, en un periodo más largo están convencidos de que se mantendrá esa progresión. En esa línea, el PP necesita que se vea con claridad que no apoyará a Pedro Sánchez, ni se abstendrá en una investidura. Es consciente de que cualquier duda en otro sentido beneficiaría a Vox. El principal riesgo que ve el PP es que esa formación pudiera izar la bandera de «alternativa» a la izquierda y a Sánchez.
  2. El día en que Pedro Sánchez quedó otra vez primero en unos comicios generales, el New York Times, uno del los periódicos más influyentes del planeta, dedicó su titular a Vox. «La extrema derecha española gana en las elecciones», proclamaba el rotativo junto a una foto un tanto kitsch de Santiago Abascal y los suyos en el balcón, mirada al frente marcial por encima de un océano de ondeantes banderas rojigualdas. El gran medio norteamericano subrayaba dos de los otros ejes de la noche: que no parece que el bloqueo político esté más cerca ahora de resolverse que antes y que, definitivamente, el conflicto independentista de Cataluña ha impactado en la política nacional española. De hecho, el despegue de Vox entienden que ha sido la respuesta a ese desafío. Pero no hace falta saltar al otro lado del Atlántico –donde nunca creyeron del todo que Donald Trump iba a llegar a tanto como para gobernarles–, para comprobar el enorme calado internacional que, en términos de preocupación, han tenido los resultados electorales de Vox. Y paralelamente, para apreciar el pesimismo casi unánime en torno a la posibilidad de que en España haya un gobierno salido de estas urnas. Residual desde Franco En Francia, país en el que saben mucho de contener a la derecha radical –y aún así, el partido de Marine Le Pen superó en los recientes comicios europeos al actual presidente, Emmanuel Macron– , la cabecera izquierdista Libération tilda de «impresionante ascenso» el triunfo de Vox, al que cuelga el apelativo de «gran ganador». «El surgimiento histórico de la extrema derecha, en un país donde había sido residual desde el final del régimen de Franco, está en gran medida vinculado a la tensión en Cataluña», estima el prestigioso periódico, que sentencia que el bloque español está «confirmado». El conservador «Le Figaro» titulaba directamente en la primera de su edición de papel «España, amenazada de estancamiento político». La lectura no difiere mucho en Italia, que acumula experiencia de Ejecutivos cortos y frágiles, por cierto con la derecha dura de La Liga sentada en el penúltimo de ellos junto al Movimiento 5 Estrellas hasta este mismo verano. Pues para El Corriere della Sera, primer diario del país, lo que España tiene delante para formar gobierno «sigue siendo un rompecabezas» y este lunes enfrentaban en su versión digital a un Sánchez «que pierde la apuesta» con una ultraderecha «que se más que duplica». «Los socialistas han jugado, los radicales se están fortaleciendo (...). Los radicales de ultraderecha se han consolidado en España» es esa misma idea, reflejada en el Die Spiegel de Alemania, donde han combatido concienzudamente el aventurismo político con la fórmula de la gran coalición –tres de las cuatros legislaturas desde 2005 responden a esa receta–, también en un intento de frenar a la extrema derecha. Que no obstante, en los recientes comicios de Turingia, en el este, también han duplicado resultados acaparando casi uno de cada cuatro votos. El avance de estas formaciones no se pierde de vista, «el partido de derechas Vox, fundado hace unos años, entra en el Parlamento con dos dígitos», escribía el Frankfurter Allgemeine. Al margen del ocaso de los neonazis de Amanecer Dorado en Grecia, el ascenso de las siglas de este espectro es un hecho, como lo demuestra el segundo puesto –a dos décimas de los socialdemócratas–logrado en abril por los Verdaderos Finlandeses o el tercero conseguido en septiembre por los Demócratas de Suecia. Les vincula un profundo espíritu antiinmigración. En Austria, el democristiano Sebastian Kurz busca el apoyo de los Verdes, aunque su programa coincide más con el de quien fue su aliado antes de que un escándalo de corrupción les separara, el FPO, Partido de la Libertad. Ese mismo nombre lleva la xenófoba organización de Geert Wilders, relevada en Holanda por otra ultraderecha, Foro para la Democracia. «Sin salida» En Europa, 17 países tienen un Ejecutivo formado por coalición. No es el caso de Portugal. Allí el socialista Antonio Costa gobierna en solitario con apoyo del Partido Comunista, ecuación de Sánchez soñó con Podemos y que la prensa lusa, simplemente, no ve por ningún lado, aunque sí la eclosión de la derecha radical. «La extrema derecha explota en una España sin salida», titulaba la cabecera Público, «Sánchez gana debilitado la noche electoral de Vox», titulaba el Diàrio de Noticias. De vuelta a la prensa anglosajona y en otro país monocolor, el Reino Unido, The Guardian daba ayer por «descartada una gran coalición» con el PPen la medida en que, recuerda, ocupa poder regional gracias al emergente Vox. Menciona también la «humillante debacle» de Ciudadanos.
  3. Los 577.005 votos y los tres parlamentarios que consiguió Más País en las elecciones generales del domingo no le sirvieron a Íñigo Errejón para cumplir con sus expectativas de ser la solución al bloqueo en España y de formar grupo parlamentario en el Congreso. No obstante, los dirigentes de Más País dijeron estar «orgullosos» de sus tres parlamentarios y del apoyo. «Más País entra en el Congreso para ayudar, hemos sido una opción necesaria», manifestó Errejón, que celebró haber movilizado a los abstencionistas y a muchos votantes descontentos con Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Las dos actas de Más País se consiguieron en Madrid y son el propio Errejón y Marta Higueras (la mano derecha de la exalcaldesa de la capital, Manuela Carmena). El partido se presentó en coalición con Compromís, La Chunta Aragonesista y Equo. Sin embargo, solo Compromís consiguió el escaño de Joan Baldoví. La Chunta volvió a quedarse sin presencia en el Parlamento y Equo perdió la que tenía el 28-A. La candidata verde y número tres de Más País por Madrid, Inés Sabanés, no consiguió los apoyos suficientes. Por su parte, el fundador de Equo y candidato de Unidas Podemos, Juantxo López de Uralde, que abandonó el partido verde para concurrir con Iglesias, sí logró escaño. Tampoco la cofundadadora de Podemos y cabeza de lista de Más País por La Coruña, Carolina Bescansa, consiguió representación al enfrentarse contra Galicia En Común, la marca regional morada. La candidatura de Errejón encabezada por Juan Antonio Geraldes, en Barcelona, también fracasó al competir contra los comunes de Ada Colua. El aporte parlamentario de Errejón no despeja el escenario de ingobernabilidad que ha provocado la repetición electoral. El PSOE (120 escaños), Unidas Podemos (35) y Más País (3) suman 158 actas, lejos de la mayoría absoluta.
  4. Quim Torra se ha quejado de que ha vuelto a llamar a Pedro Sánchez y le han vuelto a decir que está ocupado. El problema de Torra no es que Sánchez no se le ponga, es que no se le pone ni Puigdemont. Es cierto que el independentismo mejoró ayer sus resultados, pero aunque todavía lenta, la derrota es lo que subyace. El corte ayer de la frontera con Francia fue la octava noticia de los digitales catalanes medianamente sensatos. El president llevaba meses explicando que esperaba su «momentum» con la sentencia del Supremo, para darle a su causa el definitivo empuje que necesitaba, pero ni en su máxima agitación ha conseguido subvertir el orden ni superar la frontera del 50 por ciento de los votos. El independentismo ya no no es un problema político, sino un problema doméstico. Su debate ya no es sobre la independencia sino sobre cómo queremos vivir. ¿Bloquear la frontera, para qué? Han anunciado tres días de bloqueo. Tres días más que Cataluña habrá perdido, y acaba siendo muy triste la historia -y muy pobre su gente- que se escribe sobre lo extraviado. El independentismo perdió en su golpe el 1 de octubre, perdió en su alboroto, quemando para nada las calles de Barcelona, y cuando quiso ponerse malote, hizo el ridículo con sus apodos de la señorita Pepis, sus bombitas de ir por casa y sus asaltos de pacotilla al aeropuerto, jugando sólo a molestar, sin arriesgarse a tener que pagar el precio de absolutamente nada. Ayer lo certificaron huyendo como las hermanas tacañonas cuando la policía francesa les dio una hora para retirar los coches que habían cruzado en Le Perthus, bajo la amenaza de multarles por mal estacionamiento, a razón de 650 euros por vehículo. Si no estás dispuesto a pagar por tu república catalana ni la mitad de lo que yo pago por mi trufa blanca, tú no eres un soldado: ¡eres un tunante! Triste quien por amor no ha perdido una casa. Tanto Junqueras como Puigdemont están aún a tiempo de negociar una solución personal con Pedro Sánchez, pero tanto griterío estéril, si no lo rebajan, les perjudicará todavía más de lo que su escasa audacia ya les ha perjudicado. Es lo último que podrán negociar, y los únicos muebles que podrán salvar de su aventura infortunada. Porque como todo lo que se banaliza, el independentismo se ha vuelto simplemente endogámico, y es sólo cuestión de tiempo que los catalanes quieran volver a vivir como ciudadanos libres, prósperos y aseados.
  5. El resultado de las elecciones en Cataluña ha mantenido en gran parte el equilibrio entre bloques -con un ligerao avance del independentismo frente al constitucionalismo-, pero la noticia más significativa es el trasvase interno dentro del secesionismo, donde la opción más frentista liderada por Junts per Catalunya (JpC) y sobre todo la CUP avanza posiciones con respecto a la, sobre el papel más pragmática, que aspira a liderar ERC. Los republicanos perdieron dos diputados (de 15 a 13), mientras que JpC pasó de 7 a 8, y la CUP se estrenó con dos, un trasvase que no arrebata a los republicanos la hegemonía del independentismo, pero que sí puede tener un efecto contagio o arrastre respecto al papel de estos en el Congreso, particularmente por lo que respecta al voto en una próxima sesión de investidura. Al igual que se ha visto en ocasiones en el Parlament, los republicanos han acabado por hacer seguidismo de la CUP, que ahora llega a Madrid con el bloqueo político con actitud de «ingobernables». «Ahora mismo ERC no puede votar la investidura de Pedro. Es necesario hablar. Que nos llamen. A ver qué Sánchez encontramos», aseguraba ayer el líder de los republicanos en el Congreso, Gabriel Rufián. Con el previsible marcaje de la CUP, y un grupo de JpC al alza y dominado por la facción de obediencia a Waterloo, ERC va a tener más dificultades para vender en Cataluña una actitud más favorable de acercamiento al PSOE. Únicamente la confianza en que un Sánchez más «debilitado» se avenga a hablar llevaría a ERC a facilitar su investidura. «O diálogo y una solución democrática o más derecha», se afirma desde ERC, cuya portavoz, Marta Vilalta, destacó que Sánchez depende «aún más del independentismo», por lo que ahora si quiere gobernar debe «buscar una solución política al conflicto que vivimos en Cataluña». Sea como fuese, si ERC, como aparentemente aseguraba durante la pasada legislatura, pretende abrir una etapa de acercamiento con el PSOE, lo va a tener complicado en buena forma por la posición de JpC, por no hablar de la de la CUP. Ayer mismo, la líder de JpC en el Congreso, la puigdemontista Laura Borràs, insistía en la idea de consorciar con ERC una estrategia conjunta en el Congreso después de que los republicanos rechazasen el abrazo del oso de los prime- ros en forma de grupo conjunto. Los postconvergentes siguen instalados en su estrategia de bloqueo. «Pensamos que esta estrategia de no dar votos a cambio de nada, y de plantar cara al Estado, queda avalada por el resultado», aseguró ayer Laura Borràs, cuyos resultados suponen un aval para la línea más dura dentro de JpC, y una amonestación a los sectores del PDECat partidarios de cierto pragmatismo. Torrent se adelanta El juego de equilibrios del indepedentismo en Madrid es una extensión del que se practica en el Parlament. Hoy por ejemplo, debería debatirse y votar la moción de la CUP que pide que la Cámara reitere «su voluntad de ejercer de forma concreta el derecho a la autodeterminación», una decisión recurrida por el Gobierno ante el TC. Para evitar la impugnación, el presidente de la cámara Roger Torrent ha adelantado la votación para evitar que la suspensión llegue antes.
  6. En apenas seis meses el Partido Popular ha ganado otros 22 escaños en el Congreso, y 30 más en el Senado. En total, 52 nuevos sillones en las Cortes, que convierten a esta formación en la que más ha ganado con la repetición de las elecciones. El domingo por la noche, Pablo Casado calificó de «bueno» el resultado, pero faltó la euforia de otras ocasiones. La subida en las urnas acabó sabiendo a poco porque en Génova esperaban más, y el primero que confiaba en tener un mejor resultado fue el propio Pablo Casado. En ese resultado «bueno» hubo matices importantes, unos que sobresalieron de forma positiva y otros que oscurecieron el crecimiento del PP en las urnas. Una de las grandes vencedoras del PP en la jornada electoral fue Cayetana Álvarez de Toledo. La número uno por Barcelona apenas salió de su circunscripción en las últimas semanas, con una campaña «libre» que contrastaba con la línea más moderada marcada por Génova en el resto de España. La portavoz en el Congreso partía de una situación muy baja, ya que en abril fue la única de su partido que consiguió representación en Cataluña. El PP logró el domingo un segundo escaño por Barcelona, el de María de los Llanos de Luna, exdelegada del Gobierno en Cataluña y poco amiga de «operaciones diálogo» con los separatistas. Pero lo más significativo fue que el PP ganó 86.000 votos más en esta Comunidad Autónoma y adelantó a Ciudadanos como primera fuerza constitucionalista de centro-derecha. Los populares consiguieron 70.000 votos más que el partido de Arrimadas, y 43.000 más que Vox. Como dato negativo, Ciudadanos perdió 263.000 votos respecto a abril, pero el PP solo consiguió sumar 86.000 a los 200.000 que ya tenía. Vox, en cambio, creció más, al ganar 94.000 votos respecto a los comicios anteriores. El papel de Cayetana Álvarez de Toledo se refuerza internamente en el PP, al convertirse en referencia del centro-derecha constitucionalista. Pero no es la única que gana puntos en estas elecciones. Primeros en Galicia En Galicia, donde las elecciones autonómicas están previstas para otoño del año que viene, el PP recupera la primera posición después de quedar por detrás del PSOE en abril. El presidente del PP gallego y de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, se apunta este tanto dentro de su partido. El PP y el PSOE empataron a escaños, diez cada uno en toda la Comunidad, pero los populares son primeros en número de votos, con 10.000 más que los socialistas. En abril, el PP quedó por detrás del PSOE con casi 80.000 votos menos que los socialistas, y nueve diputados, frente a los diez de su adversario. Los más de 114.000 votos que consigue Vox en toda la Comunidad no sirven para nada, ya que la formación de Abascal se queda con el marcador de escaños a cero. Lo mismo ocurre esta vez con Ciudadanos, ya que sus más de 63.000 votos no les supone ningún diputado. El PP fue primero en La Coruña, Lugo y Orense, pero no pudo adelantar al PSOE en número de votos en Pontevedra. El PP consiguió el domingo uno de sus mejores resultados en Castilla y León. El pacto con Ciudadanos ha sentado muy bien al presidente regional, Alfonso Fernández Mañueco. En su región, los populares han dado uno de los vuelcos más llamativos. Hace seis meses, el PSOE fue el claro vencedor en Castilla y León, con 12 diputados frente a los 10 del PP. Ahora, los populares han sumado otros tres escaños y han adelantado a los socialistas. Pero la subida del PP está llena de claroscuros. Ciudadanos desaparece literalmente del mapa en esta región. Y el gran beneficiado ha sido Vox, que ha pasado de un diputado a seis. El partido de Abascal ha sido el que ha sabido aprovechar mejor la caída estrepitosa de Ciudadanos. De las diez circunscripciones en las que el PP ha sido primera fuerza política en toda España, cinco son de Castilla y León: Ávila, Palencia, Salamanca, Segovia y Zamora. En Cantabria, la relación entre la dirección nacional del PP y la regional no ha sido fácil en los últimos tiempos. La presidenta regional, María José Sáenz de Buruaga, apoyó a Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias, y la tensión fue evidente a la hora de confeccionar las candidaturas en abril. Ahora, las aguas están más calmadas, y el buen resultado del PP en esta Comunidad puede atribuirse también a Buruaga. Los populares logran pasar por delante al PSOE, que se impuso hace seis meses. El crecimiento del PP en las urnas el pasado domingo tuvo alguna sombra destacada. Una de ellas es la del País Vasco, donde, como en Galicia, también hay elecciones autonómicas a la vista el próximo año. Y los populares no levantan cabeza. En abril, Javier Maroto no consiguió el escaño por Álava. Ahora, con Marimar Blanco como gran apuesta para esa circunscripción, ha pasado lo mismo. El PP ha ganado apenas 8.000 votos en el País Vasco, y Ciudadanos ha perdido 27.000. Vox se ha quedado prácticamente igual. Es decir, el PP no ha sabido captar lo que ha perdido el partido de Rivera. El resultado de Álava duele más al PP, porque la división del centro-derecha les impide tener un escaño, que es el que gana Bildu por apenas 2.000 votos. Otro de los perdedores en las urnas dentro del Partido Popular fue Juan José Cortés, el padre de Mari Luz Cortés, la niña asesinada en 2008. Después de ser elegido diputado por Huelva en abril, con el PP andaluz en contra, Génova lo situó como candidato al Senado. Pese a ir como número uno, no resultó elegido. Al ser abierta la lista del Senado, logró más votos el número dos. El punto negro más destacado de los resultados del PP se sitúa en Murcia, uno de sus feudos tradicionales. Los populares ya perdieron en abril frente al PSOE. Lo peor para el PP ahora es que el partido ganador en número de votos ha sido Vox, su competencia por la derecha. En Andalucía, el PP también rozó el mismo drama, con un Vox que le pisa los talones. Los populares ganan ahí cuatro escaños desde abril, pero solo superan al partido de Abascal por menos de 7.000 votos.
  7. El Consejo de Coordinación de Podemos y la Comisión Colegiada de Izquierda Unida se reunieron ayer cada uno por su lado para valorar los escenarios de gobernabilidad que dejan las elecciones generales del 10-N. La conclusión a la que llegaron sendos órganos es, en términos generales, la misma: sacar adelante un Gobierno junto al PSOE con el bloque de izquierda hoy más débil que el 28-A. Sin embargo, hay matices divergentes en los mensajes de ambos partidos. Si en Unidas Podemos exigen al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, una negociación «integral» y sin «líneas rojas», en IU están dispuestos a estudiar «todas las fórmulas» de acuerdo que el PSOE ponga sobre la mesa. La tesis que manejan en la dirección de Unidas Podemos es que con la paradoja de tener 600.000 votos menos que antes de la repetición electoral se ven ahora más legitimados que en abril para entrar en el Gobierno y hacer vicepresidente a su secretario general, Pablo Iglesias. Es más, el partido morado sustentará esta exigencia en la coyuntura en la que se inician las negociaciones: con Vox como tercera fuerza política en el parlamento, con el PSOE perdiendo un capital de 800.000 votos («Pierden más votos que Podemos», apostillan) y con el desgaste que supondría provocar unas terceras urnas, defienden en la formación. Sánchez no responde al mensaje Como explicó Iglesias el domingo, Unidas Podemos está dispuesto a negociar un Gobierno «progresista» y de coalición donde «cada fuerza tenga exclusivamente la representación proporcional a los votos obtenidos». Lo que da pie a que otras formaciones además de ellos entren en el pacto. Insisten además en que no volverán a aceptar un veto como sí hicieron en verano cuando Iglesias dio un paso atrás. El líder de Podemos envió la noche electoral un mensaje a Sánchez con su propuesta y subrayando que la coalición es una «necesidad histórica para frenar el auge de la extrema derecha». Pero el líder socialista, critican en el entorno de Iglesias, sigue sin responder al mensaje. Por su parte, el coordinador federal de IU reprochó ayer durante una rueda de prensa que el «cálculo» de Sánchez para «destruir a Unidas Podemos» no funcionó. «Seguiremos trabajando para para fortalecer a Unidas Podemos desde IU», abundó. No obstante, antes de hablar de coaliciones, el coordinador federal de IU prefiere esperar a ver qué rumbo toma el PSOE. «Unidad no es homogeneidad; se puede normalizar la diferencia», apuntaló Garzón, que quiso matizar una vez más que IU es independiente de Podemos. «Vamos a explorar y valorar todas las opciones, pero antes hay que esperar y que el PSOE diga por dónde quiere ir», manifestó después. Los críticos en IU se agitan Un matiz significativo porque en julio el partido comunista abrió la brecha en la primera investidura al apostar por un acuerdo programático sin presencia en el Gobierno para evitar otras elecciones. Aunque al final no rompieron la disciplina de grupo y se abstuvieron. Ayer el colectivo Más Izquierda, sector crítico con la dirección de IU, exigió a Garzón en un comunicado público convocar una Asamblea General extraordinaria, salirse de la senda de Podemos y trabajar «sobre la ejecución de un programa progresista sin la condición indispensable la formación de un Gobierno de coalición».
  8. En pleno verano, Pedro Sánchez justificó el fracaso de un Gobierno de coalición con Podemos con el argumento de que «no podría dormir tranquilo» con Pablo Iglesias empotrado en La Moncloa. Después, Iglesias replicó que si se presentaba a las elecciones era para no ser vetado por el PSOE en un Ejecutivo mixto, y para ejercer como factotum de Moncloa con la gestión de un presupuesto propio que Sánchez no pudiese fiscalizar. Ahora, uno de los dos tendrá que asumir que se le calentó la boca e iniciar un proceso de rectificación porque la versión de ambos resulta incompatible. Pero la retórica con que ambos adornarán su —¿inminente?— acuerdo será la coartada perfecta: dos partidos responsables cederán para lograr un «Gobierno progresista». Y lo pasado, pasado está. Sin embargo, no es previsible que sea Iglesias quien ceda. Aspira a ser vicepresidente del Gobierno, a tener un número proporcional de Ministerios bajo su control —seis o siete, en principio—, y a condicionar la política presupuestaria de Sánchez sin intromisiones del Ibex o la casta de la UE, o sin la presión del empresariado. Objetivamente, a Iglesias nunca le ha anulado el riesgo de mantener pulsos a Sánchez, ni le ha penalizado en exceso vetar su investidura en dos ocasiones. Iglesias siempre supo conservar su línea de flotación a salvo de cañonazos electorales. No es aquel Podemos que vibraba amenazando con tomar el cielo por asalto, pero tampoco un vaivén al albur de la movilización de su electorado. Tres millones de votantes en el peor momento anímico de Podemos son un refuerzo tan tranquilizador como el ridículo hecho por Íñigo Errejón. Probablemente no habrá un tercer proceso electoral, pero el problema de Sánchez una vez más no tiene por qué ser la investidura, sino el margen de maniobra de que disponga para una gobernabilidad sólida. Primero, porque ha perdido para la causa a Albert Rivera, con quien hasta en dos ocasiones pudo haber fraguado una alianza, incluso con mayoría absoluta garantizada. El error de cálculo de Rivera, en este sentido, ha sido dramático para sus expectativas personales de liderar la derecha, para la consolidación de un espectro político moderado y liberal en una España radicalizada, y para resolver un conflicto de fragmentación ideológica persistente y causante de bloqueos perpetuos. Y segundo, porque Iglesias solo se ha presentado a las elecciones para pasar factura a Sánchez y hacerle pagar su desprecio personal, su soberbia parlamentaria y su arriesgada maniobra para lograr más de 140 escaños que forzaran al líder de Podemos a una jubilación anticipada. Ahora, a Sánchez solo le queda recurrir a la dialéctica para paliar su resignación —los españoles ensordecerán con el soniquete de «Gobierno progresista»—, y conformar un Ejecutivo endeble, de incierto futuro, repleto de desconfianzas mutuas, y marcado por recelos y maneras cainitas. Un «Gobierno progresista» que necesariamente vivirá fricciones internas cuando la contención del gasto público y el déficit, en un entorno de enfriamiento progresivo de la economía, obligue a Sánchez a comunicar a Iglesias que la demagogia populista tiene un límite. La novedad es que si esa coalición solidifica, España dejará tras de sí la incómoda incertidumbre del bloqueo institucional perenne para sumirse en la pésima certeza de un Gobierno manirroto, arbitrario y revanchista. Y todo, bajo la estética virtual de un eco-socialismo solidario, un feminismo de titulares, el género como única ideología, y el impuestazo como solución. La gran paradoja es que el Podemos más débil, el Iglesias de los tres millones de votos capaz de perder más de dos en un solo año, es el dueño de la gobernabilidad. Ha convertido a Sánchez en su rehén. El PSOE no puede permitirse nuevas elecciones tras perder 800.000 votos, y después de que Sánchez haya desgastado su aura de triunfador ocasional y forzado. Sánchez necesita una tregua y asegurar un mínimo de dos años de Gobierno que le permitan ahormar las imposiciones de Podemos como algo natural... y obligado. Por eso se le forzará a renegar de su vigente discurso contra el separatismo catalán y a aceptar «mesas de diálogo»; por eso el independentismo retornará a los «relatores» como notarios del sanchismo; y por eso el plan fallido de Sánchez, que consistía en sacudirse a Podemos y cortejar a Ciudadanos, le ha roto por la cuaderna. Hoy Iglesias huele más que ayer a vicepresidente.
  9. El PSOE rechazó ayer de forma rotunda la posibilidad de un Gobierno de coalición con el PP, que sumaría 208 escaños. Pero no hizo lo mismo con la posibilidad de compartir Ejecutivo con los de Pablo Iglesias. «Primero tienen que hablar», señaló el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos. Pedro Sánchez tiene previsto empezar ya una ronda de contactos, de la que se excluye a Vox y, en principio, a los independentistas. Aunque esto último no quedó muy claro. «Estamos abiertos a escuchar, y tenemos la actitud de enfrentarnos a una etapa nueva. Vamos a escuchar lo que plantean e intentar llegar a acuerdos», dijo el número tres del PSOE sobre un Gobierno con Iglesias. No rechazó abiertamente Ábalos la abstención del PP como una opción, sino que intentó trasladar que la imposibilidad de la misma pueda desarrollarse se debe a la situación de Pablo Casado: «No cabe esperar la abstención del PP», señaló ayer José Luis Ábalos, que considera que Casado tiene «un margen muy escaso por la presión de la la ultraderecha». Y dio por cerrada esa vía: «Parece que no lo van a hacer. Tampoco vale la pena seguir insistiendo». No obstante, desde algunas federaciones se pide que no se deseche esa vía. Y aseguran que «no vale» la excusa de que el PP tiene muy cerca a Vox. Recuerdan que en 2016 ellos estaban solo un punto por delante de Unidas Podemos. «Queremos que se pida al PP lo que se nos pidió a nosotros entonces», dicen desde una importante federación. Otros territorios Por ejemplo, el presidente de Extremadura reclamó ayer «una abstención generalizada» para que comience la legislatura». Pero es evidente que incluir a Pablo Iglesias y Pablo Casado en la misma aritmética es imposible. Por eso la posibilidad de una abstención del PP requeriría del apoyo de los diez diputados de Ciudadanos y de los dos de Navarra Suma para evitar que haya más votos en contra que a favor. Una posibilidad vista con buenos ojos en determinados sectores del partido. Que piden que no se descarte esta posibilidad. Aunque entienden que ayer Ábalos hizo «lo que tenía que hacer» al señalar preferentemente el camino de la izquierda. Un camino pedregoso, pero que parece la primera vía que va a explorar el PSOE: los 120 escaños del PSOE más los 35 de Unidas Podemos y los 3 de Más País sumarían 158. A partir de ahí se espera contar con el escaño del PRC y los siete de PNV para un total de 166. Y el complemento a la mayoría absoluta lo darían los 10 escaños de Ciudadanos. «Yo creo que sí puede salir una suma en ese sentido y la vamos a trabajar. Vamos a trabajar con todos aquellos que no quieren bloquear España», señaló Ábalos. En Ciudadanos asumirá por el momento el control una dirección provisional. Aunque su fuerza negociadora sea ahora próxima a cero es difícil verlos en esa aritmética. Lo único seguro es que de salir adelante sería una legislatura muy frágil. Ese pacto con la izquierda y el PNV tendría también la vía abierta de ERC, en caso de no contar con Ciudadanos. Aunque los socialistas quieren enfatizar que esa no es su primera opción: «Vamos a seguir intentando no depender de los independentistas, y es posible», señaló Ábalos. PP: «El problema es Sánchez» Casado despejó cualquier duda que pudiera haber sobre la posición del PP en la misma noche electoral. Aunque habló de que su partido actuará con «responsabilidad», subrayó que su programa es «incompatible» con el de Sánchez. «Con él no vamos ni a la vuelta de la esquina», aseguró. Fuentes del PP reconocieron ayer que el problema es Sánchez, y no el PSOE. Le hacen responsable del bloqueo, de los pactos con los independentistas y de hacer fuerte a Bildu, que podría tener grupo propio en el Congreso. «Con Sánchez es imposible ningún acuerdo», subrayaron, aunque tampoco ven posible un relevo en el PSOE a día de hoy.
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